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Dónde empieza el verdadero CAMBIO

Dónde empieza el verdadero cambio, por Rocío Martín Díez

Cuando somos madres...

Muchas mujeres nos volvemos irascibles con nuestra pareja al ser madres, al dejar de dormir, al no pedir ayuda y enfadarnos al no recibirla, al querer hacer todo bien y no llegar, y sobre todo, al sentirnos culpables... De todo. Y no hace falta que tu hijo tenga lesión cerebral, leucemia o un problema en el riñón. Basta con ser mujer, madre, esposa, hija, hermana, amiga, trabajadora... He escuchado en estos años a amigas, vecinas, madres, compañeras desconocidas de autobús... Todas caemos en lo mismo. Pero es que solo así puedes parar, cuando llegas al límite.

Quedarse en casa, no trabajar para hacerte cargo de un hijo, no es siempre fácil. Un hijo es el ser que más amas de este mundo y, sin embargo, cuando vives aún en la vorágine, muchas estamos internamente, y con culpabilidad, deseando que se acabe nuestra baja maternal para volver a trabajar.

Saber parar

Los niños, con lesiones o sin ellas, son nuestros mejores maestros porque nos obligan a parar, a entrar en nosotros y a entrar en su mundo, a jugar, a cantar... a hacer todo lo que nunca debimos parar de hacer. Cuando creces, crees que ya no te sirve para nada, pero no es más que una disculpa para no estar a solas con ellos, con nosotras. Nuestra mente no quiere que paremos.

Yo cambio, no los demás

Cuando además te das cuenta de que tu bebé es diferente, que no tiene los mismos recursos que los demás para desarrollarse, y que te necesita más que ellos debemos ser conscientes de que la madre es el máximo pilar de apoyo de ese bebé y de la familia. Pero, sobre todo, de sí misma. Debemos dejar de reclamar que los demás cambien, debemos dejar de exigir y depender de los demás, del mundo, porque nos hacemos demasiado vulnerables, nos convertimos en marionetas y, además, estamos pidiendo imposibles.

¿Quiénes somos nosotras para pedir a los demás que cambien, si no cambiamos nosotras primero? Más que cambiar, lo llamaría despertar, evolucionar, crecer.

Es increíble, entonces, cuando descubres que no es tu hijo el enfermo, sino tú. Él podrá tener un cuerpo con lesiones, lesiones que se ven en una pantalla, pero somos nosotras las que debemos sanar mucho más allá. Nuestra alma, nuestro corazón, nuestra mente y, a veces, curiosamente también, nuestro cuerpo. Nuestro hijo es un alma generosa y maravillosa que ha venido con esa misión aquí. Ha venido a amarnos y a despertarnos.

En mi caso, y por eso lo comparto con vosotras, comencé a ver verdaderos cambios en mí, y por lo tanto en el mundo que me rodeaba, cuando recibí la información que me hizo sentir en paz e inició los primeros cambios... Supongo que simplemente ocurrió cuando estaba preparada para ello. Así llega... Cuando te abres, cuando te entregas...

Cuando la escuché por primera vez, supe que era verdad. No tuve que aprenderme nada de memoria, simplemente algo en mi mente, y en mi corazón, hizo clic.

Me iba llegando a través de diferentes personas, en diferentes contextos...

Rosa Casal con su terapia metamórfica y sus enseñanzas sobre la reflexología podal... Y más en profundidad a través de Gonzalo Rodríguez Fraile.

Sus enseñanzas, recogidas en gran parte de las que dejó Gerardo Schmedling, me hicieron volver a creer en Dios y a entender el verdadero significado de estar hechos a su imagen y semejanza, me ayudaron a recordar algo que ya sabía y a sentir a este Dios que te manda aquí para aprender y nunca te castiga ni te reprende, a este Dios que te premia tan rápidamente cuando aprendes, a este Dios que es todo AMOR y que te escucha, que te da infinitas oportunidades de seguir aprendiendo sin que tengas que jugártelo todo a una carta. A ese Dios en el que no existe el pecado ni el pecador.

El camino del Aprendizaje Conciente

Me gusta la forma que tienen de explicarnos cómo esta Vida es una Escuela de Almas, y cómo esta tiene diferentes cursos. Puedes aprobar con buena nota o repetir asignaturas e incluso curso, puedes ser bueno en unas asignaturas y estar más atrasado en otras pero, de una forma u otra, todo es perfecto y necesario como es.

Me encajó, también, cómo explican la existencia de los diferentes niveles de conciencia. A medida que aumenta tu nivel de conciencia, aumenta tu frecuencia vibratoria y tu capacidad de dar amor y recibir amor.

Me encantó escuchar y poner en práctica después, que cuando aprendes una lección después de que una situación se haya repetido miles de veces a lo largo de tu vida, cuando por fin se quita la venda de tus ojos y ves con claridad la respuesta a algo, la Vida elimina esa piedra de tu camino porque ya no la necesitas más. Has aprobado esa asignatura. Cada uno tiene su propia piedra, su estrés, su culpa, su miedo, su baja autoestima, sus inseguridades, su necesidad de que le acepten, de ser reconocido, su necesidad de poner límites... La suya y nada más que la suya. Ninguna situación se puede comparar con otra, solo se puede comparar la solución porque es siempre la misma: trasciende la dificultad y esta desaparecerá porque no está fuera sino dentro de ti.

Cuando la piedra deje de ser el centro de tu vida y la mires como a una acompañante, esta desparecerá sin darte cuenta, como por arte de magia, se quedará atrás en el camino.

Cuando seas tú el que se ame, el que se acepte y respete, el que se reconozca, el que ponga sus límites, el que se ría de sus miedos y los identifique según aparezcan, entonces serás feliz.

Podrás ayudar a quien quieras, pero no desde la pena sino desde la compasión, desde el amor. Y no perderás la vida en ello, ni la energía. Vivirás conectado a la Energía Universal, que no se acaba nunca.

El regalo que cambió nuestras vidas

Firma Rocio Martín Díaz

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