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La importancia de la respiración en la gestión de nuestras emociones

Las emociones forman parte de nuestras vidas: a veces la alegría, otras la tristeza, en ocasiones la ira, el miedo, la sorpresa…Sí, somos seres emocionales. Nos emocionamos con los acontecimientos que ocurren en nuestra vida o como consecuencia de nuestras relaciones.

Cada emoción que experimentamos está envuelta en un marco psico-fisiológico determinado, es decir, cada una de las emociones, tiene asociada una cascada hormonal, una activación nerviosa y un patrón respiratorio específicos.

Tanto si se trata de emociones que nos agraden, como de otras que no lo hagan tanto, ¿sabías que puedes realizar una gestión de tus emociones gracias a  tu respiración?

Álvaro, jugador de golf, comenta su experiencia

“Respirar bien es lo más importante que hay. Yo lo noto cuando hago mis ejercicios, y mucho cuando juego al golf para controlar mi actitud.
Si me levanto por la mañana y al hacer mis ejercicios no puedo respirar bien, mi nivel de entreno baja al 50%. Y si jugando al golf me cabreo en un hoyo, la mejor manera de controlar mi “agresividad” y no perjudicar a los siguientes golpes, es la respiración.”

Álvaro es muy consciente de la importancia que tiene la respiración en su estado de ánimo, y no solo eso. Utilizando la respiración como herramienta principal, es capaz de transformar la ira que le produce el haber hecho un mal hoyo, para continuar con el partido desde un estado de calma y concentración.

Más allá de difíciles técnicas fuera del alcance de cualquier persona, la respiración es un regalo que nos hace la naturaleza. A través de ella, tenemos la oportunidad de cambiar la activación de nuestro sistema nervioso y, como consecuencia, la secreción hormonal asociada.

Al encontrarse bajo los efectos de la ira y la frustración en medio de un partido, lo primero que hace Álvaro es detenerse y conectarse con su rutina de respiración. 

Comienza observando lo que está sintiendo

  • Su corazón acelerado,
  • Todos los pensamientos negativos que pasean sin permiso por su mente,
  • La tensión en su musculatura,
  • El bloqueo en su estómago…

Claramente, sensaciones nada agradables y que, en otras ocasiones, han dado lugar, como consecuencia, a un partido muy desafortunado.

Inhalar, exhalar…

Cuando Álvaro se detiene a sentir el huracán que parece haber dominado su cuerpo y su mente, tras unos instantes, se conecta automáticamente con su respiración. Comienza observando el movimiento de su cuerpo coordinado con la inhalación y la exhalación. Poco a poco, va llevando su atención a su abdomen y a su pecho, de manera que, al inhalar, detecta si su abdomen se expande o simplemente está haciendo una respiración más superficial en la que utiliza solo el pecho. De esta manera, paulatinamente, comienza a transformar su respiración en una más completa, que le permite aprovechar mejor su capacidad torácica a la vez que le va calmando. 

En cuestión de uno o dos minutos, Álvaro consigue disminuir el número de respiraciones y su respiración es más profunda. La tensión de su cuerpo desaparece y su mente está enfocada.

Vuelta a la calma

Gracias a su respiración, puede transformar el modo de activación simpático de su sistema nervioso autónomo, característico de un estado de excitación; a un modo parasimpático, donde la calma y la tranquilidad son predominantes.

Con este sencillo ejercicio de atención a la respiración, al alcance de todos y cada uno de nosotros, podemos realizar una mejor gestión de nuestras emociones y, por lo tanto, transformar aquellas que nos resulten desagradables. De esta manera, logramos conseguir aquello que nos propongamos desde un estado más sereno.

Marta Jiménez

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