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Así curaban Ellos

(10 valoraciones de clientes)

15,00  14,25  IVA Incluido

ISBN : 978-84-938372-4-2

De los Egipcios a los Esenios… un acercamiento a la terapia.

Daniel nos ofrece enseñanzas y prácticas terapéuticas de los antiguos egipcios y esenios, proponiendonos elementos importantes de comprensión. Un método de trabajo que nos permitirá realizar pasos decisivos en nuestro avance interior y en el área de las terapias energéticas.

Hay existencias

Sobre el libro

Dirigido a todas las personas que desean emprender una limpieza en profundidad de su red energética de nadis o canales del cuerpo sutil donde fluye el soplo vital, desarrollando de forma armoniosa el conjunto de sus chakras, este libro se centra en las enseñanzas y prácticas terapéuticas de los antiguos egipcios y de los esenios, proponiéndonos elementos importantes de comprensión y de trabajo.

Partiendo de la concepción de la salud, común a ambas tradiciones, como un precioso equilibrio entre nuestra alma y nuestro cuerpo, y basándose en las técnicas terapéuticas que ambos empleaban, Daniel Meurois nos ofrece un método de trabajo que nos permitirá realizar pasos decisivos para nuestra evolución interior y en el área de las terapias energéticas. Un acercamiento único a terapias ancestrales que conservan aún su asombroso poder milenario.

Información adicional

Peso230 g
Dimensiones21.5 × 14 × 1.5 cm
Fecha de publicación:

ISBN-13:

Medidas:

Nº páginas:

Tapa blanda

¿Qué comentan los lectores?

10 reviews for Así curaban Ellos
  1. thomas.galego

    Este libro es muy interesante para aquellos que han hecho algunas investigaciones preliminares, ciertamente no es un libro para leer si el conocimiento de los cuidados y la comunidad esenia no es entrevistado o adquirido. Porque el riesgo será un malentendido y por lo tanto un rechazo de este libro.
    Por otro lado, para aquellos que tienen conocimientos médicos, este libro es una mina de oro, descubrirán una forma más humana de cuidar a un paciente en su GLOBALIDAD!!! Lo que falta hoy… Y estoy en la profesión médica y veo que los métodos del autor podrían mejorar enormemente la relación cuidado-paciente… Así que su estado de salud.
    Este autor SABE de lo que está hablando.
    Por lo tanto, recomiendo encarecidamente este libro a aquellos que quieran dar un repaso a nuestras técnicas de cuidado para devolverle al paciente su verdadero lugar como cuidador, así, si no más…

  2. Félix

    Resonar con capacidades de hombres que nos recuerdan que también lo podemos hacer.

  3. Desiree

    Apasionante y mágico. Gracias

  4. Irma Jausàs

    Libro que describe técnicas de trabajo energético profundo. Muy útil si se estudia y profundiza en estos campos.

  5. Pilar Martín

    Enriquecedor para aquellos que estén en el mundo de las terapias energéticas. Una vez que lo compruebas por ti misma te das cuenta de que el autor sabe de lo que habla, que funcionan.

  6. Maria

    Es un libro muy despertador te ayuda a comprenderse dentro tu ser divino y a mirar más aya de lo visible sobre nosotros y todo lo divino q nos rodea es una lectura con mucha práctica energética

  7. Toni Rodríguez

    Me ha transportado a otro lugar, a otro tiempo, como si todo ello fuese ya incorporado en mi interior como una realidad ya vivida y experimentada.

  8. Mar

    Este libro, llegó a mis manos, por “azar”, y abrió, una puerta. Un primer contacto, con las Terapias Esenias Egipcias

  9. mcarmen

    Fantástico lo adquirí por necesidad y fue una ayuda incalculable. gracias

  10. Vanessa Coria

    Leer procesos de despertar tus cuerpos energeticos y como desde la antiguedad se vienen haciendo es una experiencia que te trasciende. Ademas de dar una sensacion de viaje en el tiempo, y de alguna manera hacerte sentir que conoces lo que te cuenta el autor. Un gran despertar a la memoria celular de los secretos de la antiguedad.

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Entrevista a Daniel Meurois sobre el libro “Así Curaban Ellos”

Reseñas del libro

“(…) A lo largo de mis numerosas investigaciones en lo que hoy se ha dado en llamar la “biblioteca akáshica”, he tenido ocasión de entrar en contacto a menudo con Centros de terapias.

Tanto en el Egipto del faraón Akhenatón como en la Palestina de las comunidades esenias, siempre me ha sorprendido constatar que esos Centros estaban lejos de ser solo simple hospitales o dispensarios.

En esos tiempos que nos parecen más remotos de lo que son en realidad, las nociones de salud y de enfermedad estaban necesariamente vinculadas –debería decir encadenadas– a la dimensión sagrada del ser humano.

El cuerpo no era considerado como un mecanismo terrestre perfeccionado. Se le consideraba en primer lugar la parte tangible de un Todo que hundía sus raíces en un universo celeste inconmensurable, el universo de lo Divino.

Lo físico –lo palpable– era pues abordado como eslabón final de cadena de la Creación. La materia densa representaba el primer peldaño de la escalera por la que correspondía al hombre volver a subir hasta el sutil Océano de las Causas.

Todo terapeuta maestro de su arte sabía también que tenía que subir lo más alto posible a lo largo de esa escalera para identificar el o los orígenes de una enfermedad para poder neutralizarla.

Ya que al ser humano se le percibía como un árbol con raíces ante todo celestes, no podía permitirse alcanzar su equilibrio de cualquier madera o en cualquier lugar.

Por eso la mayoría de los Centros de cuidados eran también templos. Todo se ordenaba entorno a la dimensión sagrada del ser. Por otro lado, no era raro que se les diera el nombre de Casas de Vida y que estuvieran estrechamente ligados a lugares de iniciación, es decir, que fueran lugares de pasaje, en todos los sentidos del término. Por tanto, no se podía llegar a ser terapeuta sin previamente ser sacerdote, o, dicho de otro modo, sin haber consagrado el tiempo suficiente a una auténtica reflexión metafísica.

Tal formación llegaba de forma natural a una toma de altura que hacía que la muerte no fuera percibida como algo opuesto a la vida, no más que la enfermedad lo estaba a la salud. Salud, enfermedad y muerte se percibían como diferentes fases de la metamorfosis de una gran Corriente de Vida en perpetuo movimiento. Fases cuyas múltiples manifestaciones no tenían en definitiva más que un gran y sublime objetivo: la maduración de la conciencia y su depuración de cara a una felicidad futura.

Por tanto, contrariamente a las apariencias, se enseñaba que nada se oponía a nada. La muerte no suponía la derrota de la vida y la enfermedad traducía simplemente una falta de diálogo armonioso entre el alma y el cuerpo. (…)”

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